Te mordería uno a uno los deditos de los pies
y los tobillos celosos reclamarían mi atención.
Las rodillas juguetonas me dieran una señal
y justo antes del ombligo
una cascada de alegría me haría bri
Mas arriba por tu pecho harías una guarida calientica
en donde pueda retozar
Tus hombros grandes y redondos
me llevarían hasta el mar.
Y cuando tranquila recomponga mi nombre
la luz de tus ojos me hará despertar.
Aquí estoy sentada, mirando
y esperándote para jugar.
Elio

